martes, 12 de julio de 2011

Un año y un día


Ayer sólo había homenajes y alabanzas para la España Campeona del Mundo. Cada canal de televisión preparó su mejor repertorio de imágenes para tratar de transportarnos de nuevo a ese partido. De todos ellos me quedo con Informe Robinson, el que para mí es el mejor programa actual del panorama deportivo y humano. Retrocedamos un año con mucho gusto. El 11 de julio del año pasado todos estábamos frente al televisor viendo la Final del Mundial como no la habíamos visto antes. Siempre teníamos que hacernos ficticiamente de uno de los dos finalistas para sentirnos partícipes del evento. Esa noche eran nuestros jugadores los protagonistas del momento y los nervios se mezclaban con la sorpresa e ilusión. Nunca pensamos vernos en éstas. Pero España nos fue haciendo a la idea de que algo así podría pasar durante los dos años anteriores. Luis Aragonés nos dio nombre y estilo. Contra viento y marea renunció a clichés del pasado para apostar por poner todo el talento a la vez. Nunca nadie hizo eso en la Selección. Nadie. España jugó como los ángeles en la Eurocopa y, para mi gusto, algo peor en el Mundial. Del Bosque a la menor ocasión suprimía toque para cambiarlo por velocidad en el extremo o contención en el medio. Parece que queda mal decirlo, pero España compitió mucho mejor de lo que jugó. Quizá les juzgo con demasiada exigencia porque, sin al estar al máximo nivel estético, la Selección estuvo muy por encima del resto de las grandes. Mi felicitación para los 23 jugadores que pasarán a la historia de nuestro fútbol y de nuesta vida. 


Ayer debí ser un tipo extraño, porque no paré de acordarme de aquellos jugadores que teniendo tanta o más calidad que los actuales nunca tuvieron la continuidad o la suerte necesaria para esto pasase antes. Durante el Mundial Míchel fue entrevistado en "El Larguero" y dijo algo que aún recuerdo y que hoy hago mío: "Esta Selección es la mejor de la historia de nuestro país porque por primera vez los mejores juegan y lo hacen a lo que saben". Cuánta razón tenía. Durante cada fase final de los Mundiales que recuerdo malgastábamos talento exigiendo honrar a la dañina "Furia Española". Y lo hacíamos de dos maneras: Una, prescindiendo absolutamente de los jugadores de calidad. Ni siquiera se les convocaba o si se les convocaba no jugaban aduciendo que en la alta competición debe primar el físico y la fortaleza antes que la circulación y la floritura. Aún me duelen términos despectivos aplicados a grandes jugadores como "minga fría" y definiciones que en un principio se utilizaron con sorna y desprecio como "tiqui taca".  Y dos, poniendo a jugar a esos jugadores de clase, pero sacrificando sus habilidades en pos de un mal llamado "bien común de conjunto". Se les exigía recorrer metros y metros sin sentido, se les obligaba a desplazar la pelota en largo constantemente. Estábamos poseídos por el miedo a perder el balón antes que a la necesidad de crear fútbol. Como de esta composición los jugadores talentosos salían mal parados por lógica, en el partido siguiente el seleccionador de turno se creía armado de razón para apartarlos y plagar el equipo de centrales para autodefinirnos como un equipo rocoso. Y lo conseguíamos eh! Éramos tan absolutamente inútiles y poco productivos como una roca...



Por lo que se hizo durante los años noventa con una generación de jugadores simplemente espectacular y que fueron la inspiración reconocida de los actuales Campeones del Mundo, por ese delito, hoy quiero acordarme de ellos. Le doy las gracias a Míchel por sus centros y a Butragueño por su intuición y calidad dentro del área. Regalo un aplauso al centro del campo que hubiesen formado Luis Milla, Pep Guardiola, Guillermo Amor y Eusebio Sacristán al principio de los 90. Ellos son los "primeros pobladores" del país de la posesión de pelota. Recuerdo a Julen Guerrero y su llegada desde segunda línea que no nos dejaron disfrutar en USA 94. Veo de nuevo los goles de Caminero en ese mismo campeonato en el que estuvo absolutamente solo en la elaboración de fútbol. Ovaciono a la zurda de Fran que tendría 50 internacionalidades si hubiese nacido en Sao Paulo. Grito un Olé ante los pases imposibles de Kiko Narváez que inundaron el río Manzanares y que apenas pudimos ver vestido de rojo. Salto y grito ¡Gol! con delanteros como Morientes, Urzáiz y Alfonso, jugadores que hubiesen marcado decenas de goles más si hubiesen recibido el caudal de fútbol que viene del centro del campo actual. Mi reconocimiento para Raúl, jugador grande de nuestro fútbol que no alcanzó los triunfos actuales y que injustamente será imagen de las decepciones inmediatamente anteriores.


No quiero olvidarme de jugadores como Manolo Sanchís, Rafa Martín Vázquez, Luis Enrique o Gaizka Mendieta que tendrían sitio perfectamente en los 23 de una convocatoria actual.Y sobre todo quiero rendir un homenaje a Iván De la Peña, máxima expresión de lo que ahora se ensalza y antes se denostaba. El mayor talento del fútbol que he visto en un campo y que acabó su carrera con cinco internacionalidades, cinco.

Ayer todo el mundo derramó lágrimas y esbozó sonrisas recordando el pasado más cercano. Yo en cambio pensé que un año y un día después de alzar al Copa del Mundo había que recordar a los campeones que nunca lograron levantarla porque nacieron antes de tiempo. 

viernes, 1 de julio de 2011

A once metros de hacer historia


La selección de Camerún, con Roger Milla a la cabeza, tuvo en sus manos eliminar a Inglaterra en cuartos de final del Mundial Italia 90. No pudo ser. Senegal fue la revelación del Mundial de Corea y Japón en 2002 pero un gol turco en la prórroga les privó de jugar las semifinales de ese campeonato. El fútbol africano ha tenido una evolución continua en las últimas décadas. Su progreso ha sido más en lo individual que en lo colectivo. Jugadores como Eto´o o Drogba son considerados en el selecto grupo de los mejores delanteros recientes. Decisivos en equipos poderosos. Poderosos entre los jugadores decisivos. La nómina de jugadores en las convocatorias de estas selecciones no tiene nada que envidiar a cualquier potencia europea o sudamericana. Pero han tenido un problema común. Ningún equipo acabó siendo eso, un equipo. No fueron conjuntos disciplinados en lo táctico. Su desorden y precipitación ante cualquier adversidad acabó matando el talento de sus deslumbrantes estrellas.
Pero en el Mundial de Sudáfrica apareció un equipo africano, sin Drogba ni Etoo. Sin jugadores que ocupan portadas durante el año. Sin vitola de favorito. Apareció Ghana, "las Estrellas Negras". Un equipo, por encima de cualquier otra definición.
    


Encuadrado en el Grupo D junto con Alemania, Serbia y Australia no era favorito ni mucho menos para pasar a la siguiente fase. La victoria ante Serbia y el empate contra Australia hicieron posible su clasificación como segundo de grupo pese a la derrota en tercer partido contra Alemania. En estos partidos el juego de Ghana se hizo acreedor a elogios de toda la prensa. Se posicionaba en un 4-2-3-1 perfectamente trabajado y en el que todos y cada uno de los jugadores trabajaban para el colectivo. Esa disciplina global iba provocando, minuto a minuto, que fuesen destacando de manera individual las virtudes de cada línea, de cada jugador. Atrás exhibía una seguridad impropia de los antecedentes de sus compañeros de continente. En el medio las atenciones se repartían entre la disciplina táctica y la sencillez en la circulación de Annan y la llegada y potencia de Kevin Prince Boateng. El hecho de que nadie echase de menos a Essien es la mejor alabanza que se puede hacer de estos dos jugadores. En la parte de arriba destacaron la aparición de Ayew con una zurda que se especializaba en el último pase y la fortaleza en la presecia de Kwando Asamoah. Y arriba, ay arriba! En la delantera estaba Gyan Asamoah.

En octavos de final Ghana eliminó a Estados Unidos con un gol en la prórroga de Gyan que significaba el 2-1 final. Un gol que puede servir como definición de este jugador en diez segundos. Desmarque al espacio, potencia en la carrera, cabeza levantada, disparo fuerte y colocado. Gol, y el único equipo africano que pasó la primera fase por segundo Mundial consecutivo ya estaba en cuartos de final. Ahora tocaba Uruguay. Pensar en ser el primer equipo africano en semifinales no era descabellado ni mucho menos.

El partido del 1 de Junio de 2010 contra los charrúas comenzó con el dominio de Ghana. Una posesión coherente con la importancia del choque y una seguridad defensiva incrementada para la ocasión fueron haciendo que las ocasiones fuesen llegando, algunas realmente claras. Al filo de descanso un zurdazo raso de Muntari adelantaba a Ghana y ponía el sueño más cerca, pero al comenzar la segunda mitad una falta tirada por Forlán se colaba por la escuadra contraria sin que Kingson fuese capaz de alcanzar a tocar la pelota. El partido se fue a la prórroga en la que el miedo provocado por la tensión hizo que fuese habiendo cada vez menos ocasiones. Hasta que llego el minuto 121…

En ese minuto volaba un balón proveniente de una falta lanzada desde la lateral del área y que, tras ser rematado y rechazado bajo la línea de gol en dos ocasiones, fue cabeceado por Mensah. El gol se cantaba y Luís Suárez estiró los brazos para impedir un hecho histórico y mantener con vida, aunque sólo fuese por unos segundos más a Uruguay. Penalty en el último minuto de la prórroga. Mi más sincera enhorabuena al “guionista del destino” porque había escrito una de las escenas más intrigantes en la cinematografía del fútbol. Ahí apareció Gyan para tomar la pelota y colocarla en el punto de penalty. El resto de compañeros se dividían entre los que no querían mirar, los que rezaban tratando de contener el nerviosismo y los que estaban al borde del área para un posible rechace. La cara del delantero demostraba la responsabilidad que tenía en sus espaldas. Las ilusiones de un país, el orgullo de un continente, la mirada de un planeta. Parecía percibir el ánimo que le mandaban también los neutrales, deseosos de que la pelota entrase y se hiciese justicia con el fútbol y la vida de los menos favorecidos. Era el encargado de tirar los penalties en Ghana y su seguridad había sido total. Siempre he pensado que en esos instantes llega un punto en el que te gustaría desaparecer y que el tiempo avanzase de golpe dos minutos para mitigar la impaciencia y la incertidumbre.

Gyan corre hacia la pelota, la pega fuerte y al medio, engañando a Musiera que ya está en el suelo. Pero los ánimos del mundo futbolístico entero, la ilusión contenida, la mirada de tantos niños descalzos jugando en las calles de Accra que querían ser él hicieron que el balón volase tanto y tanto que estalló en el larguero y se perdió en la noche del Soccer City de Johannesburgo para no volver jamás. Fue Gyan el que debería haber tocado el cielo, no el balón. Otra vez el destino fue esquivo con el humilde. Otra vez el fútbol se teñía de crueldad y golpea con dureza a un jugador como Gyan, cuyo baile tras cada gol no pudo ser realizado de nuevo. Ahora yacía tirado en el césped. No hubo danza. Sus compañeros levantaban su cuerpo mientras su alma seguía tumbada, deseando salir de un trance que acababa de empezar y en el que siempre habrá una parte de su corazón sumido.   



En la tanda de penalties Uruguay ganó porque los jugadores ghaneses seguían derrumbados tras lo ocurrido. Eso sí, Gyan tiró el primero de la tanda. Valentía. Y lo marcó. Más crueldad. Esa noche, hace exactamente un año, la vida nos enseñó que no gana siempre el que se clasifica. Uruguay jugó semifinales pero Gyan se llevó nuestra admiración y solidaridad para siempre y sobre todo y más importante, la portada de mi blog J  

Días después Nelson Mandela le sacó una sonrisa al nombrarle metafóricamente “Rey del corazón de los africanos”. Gyan no es egoísta y esa sonrisa es la misma que nos sigue regalando tras cada gol con su inconfundible baile.

miércoles, 22 de junio de 2011

El Jefecito y aquella jugada...


Camp Nou. Minutos finales de la segunda parte. Pelota en profundidad para Niklas Bendtner que se planta solo delante de Váldes. Si marcaba clasificaba al Arsenal y echaba al Barcelona de la Champions en una eliminatoria en la que había sido notablemente superior. Entonces aparece Mascherano y, tras un sprint de 30 metros desde la posición de mediocentro, se lanza para evitar el remate nítido del danés. Toca la pelota y el balón lo atrapa Víctor. Todos respiramos, el Barcelona seguía con vida. Podríamos pensar que esa jugada marcó la temporada por ese único hecho, pero no fue así. Ese arranque en velocidad de Masche marcó los últimos tres meses de competición para el equipo blaugrana porque propició un cambio táctico.




Para entonces el Barça venía jugando con Busquets de central debido a los continuos contratiempos que atacaban con reiteración el centro de la defensa. Busi lo pasaba mal y eso se veía a la legua. La salida de pelota seguía siendo limpia pero su falta de velocidad a campo abierto impedía la armonía defensiva previa ante las contras de los rivales. Esa situación fue generando poco a poco inseguridad en Sergio y sobre todo una merma en lo físico. Había que cubrir mientras el hueco dejado en el eje del centro del campo. Eso hizo que Mascherano fuese teniendo la continuidad que no tuvo en los primeros meses de competición. El Jefecito ya había acumulado desde entonces veladas y explícitas críticas porqué con él el equipo circulaba el balón con menos fluidez. Siempre un toque de más. Paraba la pelota y ahí empezaba a buscar el pase, cuando en la línea de creación del Barca la pócima del éxito siempre fue saber a quién ibas a pasar la pelota incluso antes de recibirla. Llegó un punto en el que el Barça empezaba a tener la pelota sólo para defenderse, se le veía temeroso y tocaba la bola sin profundidad, con el único fin de que pasase el tiempo cuando se ponía por delante. De ahí una larga serie de victorias por la mínima no exentas de sufrimiento.

Mascherano nunca alzó la voz reivindicando su jerarquía previa. Agachó la cabeza, asumió su rol de titular eventual con una naturalidad sorprendente para alguien que venía de ser líder y referencia en la albiceleste. Se esforzó por adaptar su fútbol a esta nueva exigencia.

Llegó aquella noche y esa jugada, y Pep optó poco después por invertir las posiciones. Masche empezaría a jugar atrás y Sergio volvería a su posición natural. Era una decisión de riesgo porque el argentino no había jugado nunca de central y su estampa contrastaba con la imagen mental que todos tenemos de alguien que juega en el centro de la defensa. La mejoría del equipo fue lenta pero continua.

Sin darnos cuenta llegamos a los cuatro partidos contra el Real Madrid y las bajas atrás seguían. La enfermedad de Abidal, Puyol no se recuperaba del todo, Milito enlazaba lesiones… Pero Mascherano creció y creció y para mí fue el mejor de esos partidos. Rápido, corriendo hacia atrás, el argentino dio lecciones de casta y de conocer el oficio de futbolista para suplir su falta de centímetros y kilos. El Barcelona ya movía la pelota a ritmo de vértigo y no sólo por la vuelta de Busi a su origen, sino también por la seguridad que llegaba desde 20 metros atras. El Madrid fue objeto de rondos en todo el campo durante gran parte de los cuatro choques, rondo que continuó después en la exhibición ante el Manchester en  Wembley. Mascherano fue absolutamente decisivo e indiscutible. Siempre seguro atrás, como si llevase toda la vida jugando ahí.


Lo que hizo Mascherano fue reconocido rápidamente por el Camp Nou porque era de ley. Entendió las dificultades del inicio y valoró la humildad, el esfuerzo y el saber hacer de un jugador gigante que destacó fuera de su posición ante las dificultades que encontró en su hábitat natural. Ha sido clave en una temporada de éxito. Hizo algo que varios jugadores no han podido hacer. Por ego o por capacidad, otros fichajes nunca lograron sentirse “jugadores Barça”. El lo ha logrado. Ahora también es referencia, dentro y fuera del campo.

Y pensar que todo pudo acabar en esa jugada…

domingo, 12 de junio de 2011

Kanouté no se marchará nunca...

Diego Armando Maradona, Toni Polster, Davor Suker, Zamorano... Son sólo cuatro ejemplos de jugadores del Sevilla F.C. que han marcado la Historia del fútbol mundial. Reúnen en su palmarés títulos soñados por cada jugador al comenzar su carrera: Pichichis, Botas de oro, Campeonatos Mundiales. Pero para mí, el mejor jugador del la Historia del Sevilla se llama Frédéric Kanouté.


Nace en Lyon y comienza jugando en las categorías inferiores del club bandera de su ciudad, el Olympique. Tiene la posibilidad de debutar con la Selección Francesa, potencial le sobraba para ello, pero en homenaje a sus padres decide jugar con Mali. Este es el primer gesto de una carrera plagada de lecciones de fútbol y, sobre todo, lecciones de vida. No es fácil tomar esa decisión, es un acto que te define. Renunciar al glamour de "Les Bleus" y asumir los riesgos y dificultades de jugar periódicamente en África es algo que no hizo ninguna estrella del fútbol francés. Prefirieron su carrera a su honor, las portadas en L´Equipe a las fotos con sus antepasados. Muchos de ellos levantaron la Copa de Mundo del 98. Frédéric prefirió alzar la voz y dar luz al abandono que sufre un continente. Admirable.


Tras pasar en la Premier por el West Ham y el Tottenham recala hace 6 años en el Sevilla, precisamente tras una eliminatoria de Uefa contra el Tottenham. En estos años el club hispalense ha paseado su nombre por los mejores teatros del fútbol mundial, ha ganado títulos que han inundado sus vitrinas y que han servido para llenar de orgullo a una afición, a una ciudad. Tuteó a clubes que derrochan presupuesto. Demostró que el dinero no es equiparable a la unión de un grupo y su calidad humana. El sevillismo en este periodo pasó por uno de los momentos más duros que ha vivido el fútbol español. Cuando Antonio Puerta se desvanecía en pleno partido, un mazazo golpeaba a cada uno de sus compañeros, a cada uno de sus seguidores, a todos los que amamos el fútbol. Kanouté puso calma, serenidad, aplomo. Les guió con su liderazgo silencioso. Repartió paz y sosiego, respeto y homenaje. 






En lo futbolísico Kanouté será recordado por su figura fuerte de delantero de siempre, pero colmado de virtudes técnicas. De cabezazo poderoso, el Sevilla respiró con balones bajados por él y que dieron aire y fama a los jugadores de segunda línea. Siempre fue la referencia, el faro que iluminaba el ataque. Con el tiempo pasó a jugar de cara y veía el fútbol como los ángeles. Era un centrocampista más, con la calidad de un 10 y la presencia 9. Un jugador de bandera, de los que impone. El tiempo y las lesiones fueron mermando su titularidad y eso fue afectó al fútbol del equipo. Pero cuando salía desde el banco el Sevilla volvía a ser un grande, a imagen y semejanza de su prestancia.


En lo personal Frédéric no se limitó a hacer brillar la camiseta nacional de Mali. Decidió crear "La Fundación Kanouté" que recauda fondos mediante continuas actividades promovidas por él para fines que dejan los goles en anécdotas y la importancia del fútbol en algo meramente trivial. La "Ciudad de los niños" de sus sueños tiene en Bamaco un orfanato, un centro de educación y formación y un hospital. Conseguir este fin supone tiempo, dinero y esfuerzo. Pero cuando te mueve la ilusión y la bondad, el tiempo se saca, el dinero se consigue y el esfuerzo no ese agota. 


Ese es Kanouté, alguien a quien me gustaría parecerme. Un ser bueno con mayúsculas, de los que dignifica la raza humana. Un futbolista gigante, de los que hacen grande al fútbol. 


Por cierto, que si por apoyar al pueblo Palestino le multaron con 3000 euros, a mí que me multen con 100000 por admirarle como le admiro por ese gesto...

lunes, 6 de junio de 2011

Raúl Albiol, chinchetas en el camino


Viendo el sábado el partido de la Selección en Boston volví a disfrutar. Rapidez y precisión en el movimiento del balón, definición contundente y suave a partes iguales. Elegante ejercicio de ambición. Pero sobre todo me volvió a llamar la atención la seguridad defensiva del equipo. España no encajó ningún gol desde la ronda de octavos de final ni en la Eurocopa ni en el Mundial. Ese juego que nos define no podría ser posible sin la seguridad que se transmitió desde la línea de zagueros. Esa línea estaba formada en el último partido por Ramos, Piqué, Arbeloa y Albiol. Sí, Albiol.

No ha sido un año fácil para Raúl Albiol. Para ser menos eufemístico debería decir que ha sido un año injusto con él. Recordemos que hace dos años todo el mundo alabó su rápida aclimatación a Madrid y a lo que supone ser central en un equipo con vocación de ataque y grandeza. La prensa le considera el potencial sustituto de Puyol en la La Roja cuando el tiempo y los kilómetros obliguen a ello. Supo ganarse la confianza de sus compañeros. Fue rápido en el retorno, atento al cruce y aseado en la salida de pelota. Todo lo que se exige a un defensa del Real Madrid. Es de esa clase de centrales que entre sus virtudes tiene una que es difícilmente percibible por la grada: Hace mejor a quien tiene al lado.

En el Mundial de Sudáfrica una desafortunada lesión le privó de jugar un solo minuto. Llegó la pasada temporada y con ella un nuevo entrenador. Cuando todo indicaba que podría llegar su asentamiento definitivo, Mourinho estableció como objetivo principal el fichaje de Maicon para que Ramos jugase de central. Llegaba el fin del mercado estival y, cuando ya parecía que no habría refuerzos en la defensa blanca, se lesiona Pepe para un mes. Este contratiempo “obligó” a fichar a Carvalho con urgencia. Una exigencia y una rapidez que nunca entendí, y mucho menos cuando Pepe se recuperó en menos de diez días. Que Jorge Mendes sea el representante de Pepe, Carvalho y Mourinho levantó la sospecha de que todo hubiese sido una jugada de ingeniería mercantil perfecta…


Comienza el año y Albiol no juega habitualmente. El  primer recambio ante cualquier ausencia es Arbeloa, aunque haya que reestructurar la defensa por completo. En éstas se lesiona Pepe de verdad y Albiol comienza a jugar. El equipo tiene un par de resultados adversos que son el justo premio a la racanería táctica del entrenador en los momentos de más tensión de la temporada. Pues bien, en ese momento Albiol recibe una de las críticas más cínicas que he visto: Cuando a Mourinho le preguntan por una derrota responde que con Pepe el equipo jugaría distinto, que la línea estaría tirada más arriba. Que sin Pepe sólo se puede jugar así. Esa fue su única justificación. Fue cruel porque señaló a Albiol sin nombrarle y eso, además de ser injusto, fue falso de todo punto. Su respuesta ante este agravio fue seguir trabajando desde el silencio y la con constancia. La mejor acción defensiva del año es suya, sacando milagrosamente con un doble esfuerzo un balón junto al poste y sobre la línea de gol en la vuelta de las semifinales de Copa en Sevilla. Todo el año ha demostrado una profesionalidad que en ningún momento cuestionó su presencia en cada convocatoria de Del Bosque.

Aquel chico que venía del filial del Valencia hacía Getafe y que, tras seis vueltas de campana con su coche en la A3 y muchos meses de hospitalización, vio peligrar seriamente su vida habrá pensado que lo pasado este año no tiene la menor importancia. Que es un afortunado y que la suerte que tuvo ese día se la debe devolver a la vida en forma de humildad y esfuerzo.

Cuando uno encuentra un bache en la autopista, no siente el pinchazo de las chinchetas del camino…

viernes, 3 de junio de 2011

Carles Puyol, mes que un club


Sales del vestuario. Llegas hasta las escaleras del túnel. Comienzas a caminar dejando la capilla a la derecha. Accedes al campo mientras el himno y el ánimo de la gente hace que las pulsaciones suban sin parar. En ese momento recuerdas que cuando el estadio está vacío puedes leer en la grada “mes que un club”. Al capitán no le hace falta tirar de memoria. Lo lleva grabado en su conducta.  

En el primer recuerdo que tengo de Puyol lleva el número 24 y es lateral derecho. No sabría decir si me llamó más la atención su fortaleza o la “ruleta” que se atrevió a hacer al entrar al área rival. Poco a poco el fútbol fue decidiendo que la posición en el que debía jugar era de central. El fútbol de nuevo tuvo razón. Ahora ve el campo de cara. Sale de la cueva. Sobra al central que le acompaña. Hace la cobertura a derecha e izquierda siendo lateral de emergencia. Ese es Puyol. Un futbolista que será recordado. Una persona que ya es inolvidable.


El fútbol para, pero él sigue jugando. Pero ahora juega a otra cosa. Sigue siendo central, pero ya no defiende una portería, defiende unos valores. En el momento en que  la tormenta más arreciaba se acercó a Mourinho para, con un gesto de complicidad, decirle que el fútbol no es una guerra. Al llegar el momento del éxito y poder tocar la gloria en forma de foto para la historia se quita el brazalete y se lo da a Abidal. Pero hay algo que ha pasado desapercibido. Eric levanta la copa y nos pone la piel de gallina y no vemos a Puyol. Está escondido tras Xavi y Piqué. No quiso alzar la Champions pero tampoco quiso salir en la imagen y recoger la grandeza de su gesto. Los actos reales de generosidad son anónimos debió pensar…   
No conforme con esto se enfundó una camiseta con el nombre y el dorsal de Miki Roqué, un futbolista anónimo que tiene que jugar una eliminatoria contra el mismo equipo al que Abidal venció. Carles es un capitán universal, de todos y para todos.

Mientras ha estado fuera del césped le vi en la grada. Siempre. Le dolieron los golpes recibidos por sus compañeros. Se coló en los abrazos colectivos tras cada gol para volver a pedir cabeza y concentración. Nunca faltó, nunca les dejo solos.

Escribo Carles Puyol y leo “mes que un club”

jueves, 2 de junio de 2011

La decisión de Sergio

 Hoy todos hablan de en qué equipo jugará el Kun Agüero. Los dirigentes del Atleti están convencidos de su marcha casi tanto como él y comienzan a gestionarlo mediáticamente. Miguel Ángel Gil reitera hasta la pesadez la coletilla "a cualquier equipo menos al Madrid". Caminero se reúne en secreto con Zubizarreta. Un secreto perfectamente guardado, ya que sólo lo he visto en quince medios de comunicación. El Kun dice en Argentina que quiere seguir jugando en España luego los candidatos al premio gordo del verano se reducen... 
Imagino a Zubizarreta llamando a Guardiola para que a su vez llame a Messi para preguntarle si le gustaría que fichasen al Kun. También me imagino a Florentino llamando a Mourinho para que llame a Cristiano y le pregunte si aceptaría compartir portadas con Agüero. Sinceramente creo que a ambos les hará la misma ilusión, ninguna. 

La duda que tengo es ¿Qué ha decidido Sergio? 

Le llamo Sergio porque las decisiones vitales las toman las personas, no los personajes en los que se camuflan. ¿Alguien se ha parado a pensarlo?

Diré que antes de nada que soy del Atleti, que salté con los goles de Manolo, con las galopadas de Futre y las paradas de Abel. Pero antes de ser de los equipos soy de los futbolistas, de las personas. 

El adolescente Sergio llegó a Madrid con 17 años, con los ojos como platos. Ahora tiene 23 y los que tenemos los ojos como platos somos los demás. En este tiempo se ha trabajado cada semana un nombre que ahora quiere transformar en éxito y reconocimiento mundial. Es entendible su interés por mejorar profesionalmente y empezar a recoger lo que ha sembrado, mucho más si el huerto era tan poco fértil como el Atlético. 
Ahora todos se creen con derecho a opinar sobre el camino que debe seguir ese chico que se hizo mayor. Periodistas, aficionados, directivos, agentes, compañías de ropa deportiva, futuros compañeros... Todo eso da igual. 

Por favor, que alguien le pregunte a Sergio.

Aquí empieza todo

Hoy comienzo un blog en el que periódicamente escribiré sobre lo que el mundo del fútbol me haga sentir. Cuando hablo de "el mundo del fútbol" me refiero a dentro y fuera del césped: Evolución del juego, jugadores, entrenadores, aficiones, directivos, prensa...
Intentaré ser imparcial pero no me obligues a prometerlo. La imparcialidad no existe porque todos tenemos sentimientos y opiniones que nos hacen tomar partido de una u otra forma. 


Primará el gusto por el fútbol sobre la necesidad de la victoria. Del Bosque dijo que no hay mayor derrota que la victoria sin grandeza. Quizá esa será mi primera parcialidad. Espero que la compartas. Si no es así escucharé tu opinión para aprender cada día. 


Gracias a todo el que decida leerme.