viernes, 1 de julio de 2011

A once metros de hacer historia


La selección de Camerún, con Roger Milla a la cabeza, tuvo en sus manos eliminar a Inglaterra en cuartos de final del Mundial Italia 90. No pudo ser. Senegal fue la revelación del Mundial de Corea y Japón en 2002 pero un gol turco en la prórroga les privó de jugar las semifinales de ese campeonato. El fútbol africano ha tenido una evolución continua en las últimas décadas. Su progreso ha sido más en lo individual que en lo colectivo. Jugadores como Eto´o o Drogba son considerados en el selecto grupo de los mejores delanteros recientes. Decisivos en equipos poderosos. Poderosos entre los jugadores decisivos. La nómina de jugadores en las convocatorias de estas selecciones no tiene nada que envidiar a cualquier potencia europea o sudamericana. Pero han tenido un problema común. Ningún equipo acabó siendo eso, un equipo. No fueron conjuntos disciplinados en lo táctico. Su desorden y precipitación ante cualquier adversidad acabó matando el talento de sus deslumbrantes estrellas.
Pero en el Mundial de Sudáfrica apareció un equipo africano, sin Drogba ni Etoo. Sin jugadores que ocupan portadas durante el año. Sin vitola de favorito. Apareció Ghana, "las Estrellas Negras". Un equipo, por encima de cualquier otra definición.
    


Encuadrado en el Grupo D junto con Alemania, Serbia y Australia no era favorito ni mucho menos para pasar a la siguiente fase. La victoria ante Serbia y el empate contra Australia hicieron posible su clasificación como segundo de grupo pese a la derrota en tercer partido contra Alemania. En estos partidos el juego de Ghana se hizo acreedor a elogios de toda la prensa. Se posicionaba en un 4-2-3-1 perfectamente trabajado y en el que todos y cada uno de los jugadores trabajaban para el colectivo. Esa disciplina global iba provocando, minuto a minuto, que fuesen destacando de manera individual las virtudes de cada línea, de cada jugador. Atrás exhibía una seguridad impropia de los antecedentes de sus compañeros de continente. En el medio las atenciones se repartían entre la disciplina táctica y la sencillez en la circulación de Annan y la llegada y potencia de Kevin Prince Boateng. El hecho de que nadie echase de menos a Essien es la mejor alabanza que se puede hacer de estos dos jugadores. En la parte de arriba destacaron la aparición de Ayew con una zurda que se especializaba en el último pase y la fortaleza en la presecia de Kwando Asamoah. Y arriba, ay arriba! En la delantera estaba Gyan Asamoah.

En octavos de final Ghana eliminó a Estados Unidos con un gol en la prórroga de Gyan que significaba el 2-1 final. Un gol que puede servir como definición de este jugador en diez segundos. Desmarque al espacio, potencia en la carrera, cabeza levantada, disparo fuerte y colocado. Gol, y el único equipo africano que pasó la primera fase por segundo Mundial consecutivo ya estaba en cuartos de final. Ahora tocaba Uruguay. Pensar en ser el primer equipo africano en semifinales no era descabellado ni mucho menos.

El partido del 1 de Junio de 2010 contra los charrúas comenzó con el dominio de Ghana. Una posesión coherente con la importancia del choque y una seguridad defensiva incrementada para la ocasión fueron haciendo que las ocasiones fuesen llegando, algunas realmente claras. Al filo de descanso un zurdazo raso de Muntari adelantaba a Ghana y ponía el sueño más cerca, pero al comenzar la segunda mitad una falta tirada por Forlán se colaba por la escuadra contraria sin que Kingson fuese capaz de alcanzar a tocar la pelota. El partido se fue a la prórroga en la que el miedo provocado por la tensión hizo que fuese habiendo cada vez menos ocasiones. Hasta que llego el minuto 121…

En ese minuto volaba un balón proveniente de una falta lanzada desde la lateral del área y que, tras ser rematado y rechazado bajo la línea de gol en dos ocasiones, fue cabeceado por Mensah. El gol se cantaba y Luís Suárez estiró los brazos para impedir un hecho histórico y mantener con vida, aunque sólo fuese por unos segundos más a Uruguay. Penalty en el último minuto de la prórroga. Mi más sincera enhorabuena al “guionista del destino” porque había escrito una de las escenas más intrigantes en la cinematografía del fútbol. Ahí apareció Gyan para tomar la pelota y colocarla en el punto de penalty. El resto de compañeros se dividían entre los que no querían mirar, los que rezaban tratando de contener el nerviosismo y los que estaban al borde del área para un posible rechace. La cara del delantero demostraba la responsabilidad que tenía en sus espaldas. Las ilusiones de un país, el orgullo de un continente, la mirada de un planeta. Parecía percibir el ánimo que le mandaban también los neutrales, deseosos de que la pelota entrase y se hiciese justicia con el fútbol y la vida de los menos favorecidos. Era el encargado de tirar los penalties en Ghana y su seguridad había sido total. Siempre he pensado que en esos instantes llega un punto en el que te gustaría desaparecer y que el tiempo avanzase de golpe dos minutos para mitigar la impaciencia y la incertidumbre.

Gyan corre hacia la pelota, la pega fuerte y al medio, engañando a Musiera que ya está en el suelo. Pero los ánimos del mundo futbolístico entero, la ilusión contenida, la mirada de tantos niños descalzos jugando en las calles de Accra que querían ser él hicieron que el balón volase tanto y tanto que estalló en el larguero y se perdió en la noche del Soccer City de Johannesburgo para no volver jamás. Fue Gyan el que debería haber tocado el cielo, no el balón. Otra vez el destino fue esquivo con el humilde. Otra vez el fútbol se teñía de crueldad y golpea con dureza a un jugador como Gyan, cuyo baile tras cada gol no pudo ser realizado de nuevo. Ahora yacía tirado en el césped. No hubo danza. Sus compañeros levantaban su cuerpo mientras su alma seguía tumbada, deseando salir de un trance que acababa de empezar y en el que siempre habrá una parte de su corazón sumido.   



En la tanda de penalties Uruguay ganó porque los jugadores ghaneses seguían derrumbados tras lo ocurrido. Eso sí, Gyan tiró el primero de la tanda. Valentía. Y lo marcó. Más crueldad. Esa noche, hace exactamente un año, la vida nos enseñó que no gana siempre el que se clasifica. Uruguay jugó semifinales pero Gyan se llevó nuestra admiración y solidaridad para siempre y sobre todo y más importante, la portada de mi blog J  

Días después Nelson Mandela le sacó una sonrisa al nombrarle metafóricamente “Rey del corazón de los africanos”. Gyan no es egoísta y esa sonrisa es la misma que nos sigue regalando tras cada gol con su inconfundible baile.

2 comentarios:

  1. Gracias por este articulo!
    No creo que mucha gente conozca el episodio que describes, pero yo lo viví, puesto que sigo con ilusión a la selección de Ghana, y se agradece que se dé a conocer.

    ResponderEliminar
  2. Desde el 1 de junio no has publicado nada???? Así no te vamos a poder seguir..... bueno, ya sé, vacaciones.

    ResponderEliminar